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Figura 1. Esquema de (Co)producción desde abajo, por Sergio Salazar 2015.-2

[‘Guest Post’ por Sergio Salazar]

Al hablar de la producción social del hábitat, viene a la mente el término acuñado por la Habitat International Coalition [1], donde se entiende como hábitat social al conjunto de vivienda, infraestructura urbana y asentamientos concebidos como espacios habitables y no como producto mercancía. El problema con esta conceptualización es su concepción desde el “deber ser”, que termina por excluir a la vivienda producida por el sector inmobiliario y el Estado, adjudicándosela exclusivamente a un reducido grupo de organizaciones o individuos con fines no lucrativos o altruistas. Henri Lefebvre [2] define a la producción social como “obra y producto” de toda la sociedad, en donde los individuos y las instituciones operan simultáneamente. Las relaciones humanas son experiencias inevitablemente espaciales, Henri Lefebvre [3] introduce una triada conceptual para empezar a comprender la mecánica de lo que el llama la producción del espacio. 1) La práctica espacial, representa la producción material, construye el espacio percibido que nos rodea, contiene y limita; 2) la representación de espacios como las matemáticas, la física, la cartografía, la geografía, entre otras, son los pensamientos, las ideas y las abstracciones, son el espacio concebido; por último, 3) los espacios de representación son los espacios vividos y por lo tanto el espacio de los usuarios y habitantes, es donde los objetos, los símbolos y signos  y la experiencia, se cruzan, doblan y viven, generando así nuevos códigos sociales, nuevas ciudades y nuevas ideas. El hábitat es el espacio (social) donde se manifiesta lo multiforme del fenómeno urbano y se experimenta en “carne propia” (espacio vivido) la compleja interacción entre las escalas macro y micro. Los asentamientos humanos son hábitats que analizados desde arriba, se observan los niveles logrados y las áreas de oportunidad en términos de desarrollo y progreso, mientras que se viven localmente. [4]

 

En la actualidad el fenómeno urbano puede ser descrito y entendido << (…) como una implosión y una explosión en la escala de las ciudades, una extraordinaria transformación de gran alcance del espacio urbano que es al mismo tiempo tanto de dentro hacia fuera como de fuera hacia dentro. (…) >>. También se puede decir que de cierto modo cada ciudad contiene al mundo entero, este fenómeno se evidencia en la heterogeneidad cultural característica de los entornos urbanos [5]. En latinoamérica, desde 1970, está explosión urbana está estrechamente vinculada con los asentamientos informales, el 60% del crecimiento de la ciudad es el resultado del esfuerzo de la gente, especialmente de las mujeres, quienes heroicamente han construido sus hogares en la periferia urbana subsistiendo a base de empleos temporales en el sector informal. De acuerdo a estudios de la CEPAL, existe una tendencia a la periurbanización, donde la extensión territorial de las ciudades creció más que su población, los datos obtenidos por la organización evidencían dos tipos opuestos de urbanización, por un lado la construcción de desarrollos habitacionales cerrados de clase alta y media y por otro lado la expansión de áreas precarias e informales.[6]

 

Los asentamientos irregulares y la pobreza están íntimamente ligados, en ellos se concentran los pobres urbanos [7]; según datos reunidos por Mike Davis [8], en México existían 14.7 millones de personas viviendo en los denominados slums o tugurios, en Brasil 51.7 millones, en Perú 13 millones y en Argentina 11 millones. Estás geografías tienen sus propios procesos de gestión y materialidad específicas, se gestionan a través de un modelo “no regulado” auto-determinado y participativo, que trasciende la esfera oficial formando grupos de trabajo ex profeso entre los vecinos [9]. Para entender los mecanismos denominados informales de participación urbana, es necesario introducir el termino del urbanismo subalterno, el cual proviene de la teoría postcolonial y se refiere a todo lo que no pertenece a la elite, se le atribuye a la insubordinación y a la cultura popular, lo subalterno posee un carácter de agente de cambio, una identidad política propia y una territorialidad particular. Desde esta perspectiva analítica la periferia (asentamientos informales) no es un lugar, es más bien una postura donde se (re)construye y (re)configura el papel de ciudadano y la ciudad, la periferia es una fisura que abre una gama de posibilidades urbanas y los barrios populares su materialización territorial.

 

Estos asentamientos conforman zonas de excepción, administradas diferencialmente en espacios de “soberanía granulada”. Los barrios populares son administrados por el aparato gubernamental – quien es quien sigue teniendo el control de mando sobre la estructuración del espacio, monopolizando la soberanía- y los territorializa como zonas de excepción (legalmente ilegal); el Estado a través de iniciativas de erradicación, por ejemplo, se vale del uso legítimo de la fuerza para expulsar a los invasores de predios públicos, privados o en zonas de riesgo. En el caso de Buenos Aires, Argentina, a través de los años las famosas villas miseria han pasado por toda la gama de políticas públicas, desde la permisividad e incluso gestión de los barrios inmigrantes por parte del Estado en la década de los 30’s y 40’s, planes de emergencia para su erradicación en los 50’s, apoyo para la provisión de infraestructura en los 60’s, de vuelta a las políticas de erradicación en los 70’s, de tolerancia por parte de los gobiernos democráticos en los 80’s y humanitaria en los 90’s, hasta la redefinición de las nuevas villas como “Nuevos Asentamientos Humanos” con el fin de filtrarlos por antigüedad [10]. La participación en la producción urbana está altamente regulada por el poder político-económico a través de políticas públicas y su consecuente instrumentalización territorial, dentro de un marco de lucha de poderes.

Fig.2. Intervención digital basada en el proyecto CARACAS POSTAL, disponible en http___ciudadevolutiva.com, fotografía y edición por Sergio Salazar 2013.

En los asentamientos informales surge la ocupación como una reacción contra la alienación y perdida agencia política. << Cuando el mundo se vuelve demasiado grande para se controlado, los actores sociales pretenden reducirlo de nuevo a su tamaño y alcance. Cuando las redes disuelven el tiempo y el espacio, la gente se ancla a los lugares y recuerda su memoria histórica (…) >> [11]. Un aspecto prometedor de la ocupación informal, es que no necesita de un control o guía a priori, en Brasil por ejemplo, la colisión entre el neoliberalismo y la democratización ocurrida en los 90’s, produjo cláusulas en la constitución que garantizaban que el derecho a la ciudad estuviera vinculado al poder y relevancia de los movimientos sociales urbanos, particularmente los que corresponden al derecho democrático a la vivienda. El cooperativismo uruguayo para la producción de vivienda, representa un ejemplo alentador, ya que convirtió una tradición popular a una normativa de ley, que a su vez permitió la articulación de una institución, la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM).[12] La ocupación informal surge como la única alternativa viable para subsanar las fallas institucionales, permitiendo de alguna manera la redistribución de los bienes socialmente producidos, sin embargo está sigue siendo una respuesta parcial a un problema sistémico. La gestión precisa de ser reimaginada, los ejercicios de diseño participativo si bien representan un avance, siguen partiendo del paradigma de la planeación vertical controlado por agentes intermediarios como el Estado, las ONGs, el sector privado, académicos y activistas sociales.

 

La sociedad actual se constituye en una sociedad red, conformada principalmente por redes digitales de comunicación global. La sociedad red se materializa en el territorio a través de los lugares, organizaciones e instituciones existentes, que son parte esencial de la vida de las personas. Maldonado argumenta que las ciudades constituyen el fenómeno geo urbano arquitectónico, el cual se estructura como una red – la red geo-urbano-arquitectónica. Las redes constituyen un patrón fundamental en todos los tipos de vida; las redes están formadas por grupos interconectados de nodos, tienen multi-centros, la importancia de un nodo depende de la relevancia en la información que cada uno de los nodos contenga así como de las relaciones que se den entre ellos. [13]

 

El hábitat se compone de los siguientes nodos-red: técnicas del territorio, el contexto geopolítico, el entorno construido y el paisaje cultural, para comenzar a comprender la producción social del hábitat. Las técnicas territoriales son un fenómeno de organización socio-espacial, las fronteras que lo delimitan solo existen en relación directa con las políticas públicas. El contexto geo-político se manifiesta escalarmente a través de los actores sociales, por ejemplo cuando los gobiernos locales adoptan políticas globales y en los asentamientos informales cuando se adquieren servicios públicos e infraestructura urbana, a través de la gestión vicinal[14]. El entorno construido se materializa en la arquitectura de los edificios, donde coexisten formas industriales, de manufactura y artesanales, gracias al desarrollo desigual característico de las sociedades capitalistas.[15] El paisaje cultural se construye por medio de la acción política que opera mediante la destrucción creativa para materializar la ciudad global.[16]

 

Cada nodo-red contiene otros nodos-red (geometría fractal) que lo constituyen de una determinada manera, dependiendo de las conexiones entre los mismos. Entorno construido: forma, función, espacio, recubrimiento-apariencia, materiales de la construcción. Contexto geopolítico: actores sociales relevantes y escalas espaciales. Técnicas del territorio: políticas públicas y suelo urbano. Paisaje cultural: prácticas sociales y lugares relevantes. Maldonado[17] argumenta que el mapeo a través de la superposición de fenómenos, permiten comprender la multidimensionalidad de la experiencia urbana; mediante la combinación de distintas fuentes de información como las cartográficas, literarias y anecdóticas, las imágenes, los videos y las letras de canciones, es posible ver más allá de los mapas convencionales. Esto no quiere decir que estos sustituyan los hechos reales, sino más bien cambian la perspectiva desde la que se analizan.

 

Imágenes por Sergio Salazar

 

[*] Sergio es profesor de arquitectura en la Universidad Autónoma de Nuevo León UANL. s.salazar.b77@gmail.com

 

[1] Consultado en http://www.hic-al.org/glosario.cfm

[2] Lefebvre Henri (1991), The Production of Space, Blackwell Publishing, MA, USA.

[3] Ibid, p.33,39

[4] Soja, Edward (2000), Postmetrópolis. Estudios críticos sobre las ciudades y las regiones, Traficantes de Sueños, Madrid, p.224

[5] Ibid, p.224

[6] Davis Mike (2006), Planet of Slums. Verso. New York, p.17

[7] UN HABITAT (2003), The Challenge of Slums. Global Report on Human Settlements 2003, Earthscan Publications Ltd, p.2

[8] Davis Mike (2006), Planet of Slums. Verso. New York, p.21,24

[9] Neira, Hilda Patricia, 1990, Los asentamientos y la valorización del suelo urbano: Un efecto de la marginalidad (el caso de la colonia Sierra Ventana: 1982), en: Víctor Zúñiga, Manuel Ribero (comps) Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey.

[10] Roy Ananya (2011) Slumdog Cities: Rethinking Subaltern Urbanism, International Journal of Urban and Regional Research, Vol, 35.2, pp. 223-238, pp.233-234 y Rodríguez, María Florencia, Las formas “pobres” de hacer ciudad: un recorrido histórico sobre las modalidades de hábitat popular y su incidencia en la agenda estatal, La revista del CCC no. 13 año 5 (Sep/Dic 2011), pp.3-11

[11] Castells Manuel (1999) El poder de la identidad. Alianza Editorial. Madrid, p. 89

[12] Nahoum Benjamín (2008) Una historia con quince mil protagonistas. Las cooperativas de vivienda por ayuda mutua uruguayas. Ed, Intendencia Municipal de Montevideo, Montevideo, p.48

[13] Maldonado Diana (2013) Post-Vernacular “Geography” Network: A Tool to Build and Rebuild Sustainable Cities in Latin America, en The 4th biennial subtropical cities conference, braving a new world: design interventions for changing climates, Abbate Anthony y Kennedy Rosemary (editores), ACSA Press, pp. 168-176, p.175

[14] Chatterjee Ipsita (2009), Violent morphologies: Landscape, border and scale in Ahmedabad conflict Geoforum, Vol.40, pp. 1003-1013, p.1006

[16] Chatterjee Ipsita (2009), Violent morphologies: Landscape, border and scale in Ahmedabad conflict Geoforum, Vol.40, pp. 1003-1013, p.1006

[15] Cobos Pradilla Emilio (1987) Capital, Estado y Vivienda en América Latina, Fontamara 27, Distribuciones Fontarama, S.A., México D.F, pp.37-38

[17] Maldonado Diana (2014) Manuscrito de ponencia para el IASTE titulada Who’s Tradition?, presentada en diciembre 16 del 2014 en la Univeristi Putra Malaysia, en Kuala Lumpur , Malaysia.

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