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<< Lo bello es feo y lo feo es bello…>>. Macbeth (primer acto).

[1] Historia de la Belleza, es el título del texto que Umberto Eco publica en 2004, desde el inicio el autor aclara que su investigación se fundamenta en el hecho de que la idea de belleza no sólo es relativa según las distintas épocas históricas, sino que incluso en una misma época y en un mismo país pueden coexistir diversos ideales estéticos. En el texto se expone el concepto de belleza en Occidente y se divide en: Edad Antigua, Edad Media, la Edad Moderna, siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX [2]; los párrafos siguientes se centran en las concepciones generales que vinculan belleza y arquitectura:

Para los antiguos griegos un objeto era bello gracias a su forma, la cual permitía la satisfacción de los sentidos; los pitagóricos fueron los primeros en vincular los sonidos musicales y el número, estudiando las proporciones en las que se fundamentan los intervalos, así como la correspondencia entre la altura de un sonido y la longitud de la cuerda. Platón, establece los poliedros regulares convexos: tetraedro, hexaedro, octaedro, dodecaedro e icosaedro, como “los cuerpos más perfectos”. En la Edad Antigua se le da importancia a la forma seguida del ornato, espacio, función-estructura.

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Eco señala que desde la arquitectura griega hasta la renacentista el concepto de belleza es entendido a partir de la proporción y armonía. Las dimensiones de los templos griegos, las relaciones entre los diferentes elementos que integran la fachada y los “descansos” entre las columnas, se corresponden con las mismas reglas de los intervalos musicales; en los rosetones de las catedrales góticas se utilizan con frecuencia estructuras pentagonales; y entre el Humanismo y el Renacimiento el autor registra un retorno al platonismo a través del establecimiento de los poliedros de Platón como modelos ideales; también se discute de la sección áurea como proporción divina. Durante la etapa más madura del pensamiento medieval se considera el propósito de fabricación del objeto. Además del acomodo presentado en el párrafo anterior, en las Edades Media y “Moderna” los elementos arquitectónicos se ordenan de la siguiente manera: forma-ornato, estructura, espacio-función; forma-función- estructura, ornato-espacio.

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Los manieristas se rebelan contra los cánones clásicos y prefieren las formas “dinámicas”, la utilización de la figura serpentina es cada vez más frecuente. Durante el barroco, la belleza se vincula con el contraste, la sorpresa y la exuberancia; el concepto de belleza se define a partir de la relación entre opuestos, se considera bello lo barroco y rococó, pero también hay un retorno a la belleza neoclásica. Durante este período, la apariencia del objeto adquiere importancia. A la par de los ideales estéticos se desarrolla en Inglaterra lo que se conoce como belleza victoriana, caracterizándose por su sentido práctico; con la aparición de nuevos materiales como el hierro y el cristal se expresa la belleza de los objetos arquitectónicos ayudando a definir las nuevas formas.  A partir de 1920 los elementos formales del Art Nouveau son desarrollados por el Art Déco, esquemas geométricos, flores estilizadas, figuras femeninas esbeltas, zigzags y serpentinas son recuperados y enriquecidos con rasgos futuristas, constructivistas y cubistas. La idea de belleza orgánica surge tras desbaratar la diferencia entre el interior y el exterior, distinción característica del tiempo victoriano; en esta época aparece la idea de la máquina bella. El período comprendido desde principios del siglo XX hasta la década de 1960, se caracteriza por una lucha entre dos ideas de belleza, la de la provocación y la del consumo, los cuales presentarán diferentes modelos de belleza, muchas veces contradictorios entre sí. Posibilidades en el acomodo de los elementos arquitectónicos: forma-espacio, estructura, función, ornato; ornato, forma- función-estructura, espacio; función-forma, ornato, estructura, espacio. Eco termina el texto advirtiendo al lector que no queda más remedio que <<…rendirse a la orgía de la tolerancia, al sincretismo total, al absoluto e imparable politeísmo de la belleza>>.

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En otro texto, Historia de la Fealdad [3], Eco explica que se considera kitsch o feo, lo que no entra en los parámetros establecidos por los “expertos” en cosas bellas; señala que hay personas que les gusta lo kitsch y disfrutan de ello, el autor propone entonces <<…respetar la diferencia entre estos dos “gustos” igual que se respetan las diferencias de creencias religiosas, o las preferencias sexuales>>. De acuerdo al gusto kitsch el acomodo de los elementos es el siguiente: ornato, forma-espacio, función, estructura.

La mayoría de los tratadistas consideran que uno de los propósitos de la arquitectura es alcanzar la belleza ya que se le vincula con lo “bueno”, con la virtud suprema. En relación a esa búsqueda, tanto arquitectos académicos como empíricos, establecen conexiones entre los elementos de la arquitectura. En la concepción y edificación del objeto arquitectónico la utilidad y la firmeza, en principio, anteceden a la estética, así los arquitectos de las favelas resuelven las necesidades más apremiantes, y luego se ocupan de embellecer el objeto, siguiendo su propio concepto de belleza.

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Fotografías: Diana Maldonado; Penélope Montes; archivo Villa 31.

[1] Maldonado, Diana, Hacia una lectura arquicultural de la vivienda vernácula urbana. Premisas generales de diseño, CONACYT,México-Agentina, 2010.

[2] Eco, Umberto, Historia de la Belleza, Lumen, Barcelona, 2004.

[3] Eco, Umberto, Historia de la Fealdad, Lumen, Barcelona, 2007.

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